Como ocurre en casi todas las ciudades del mundo, más allá de las infraestructuras, de los lugares institucionales, de los monumentos, de los edificios emblemáticos, de las plazas... sus ciudadanos son el principal activo de toda ciudad. Y la gente de Nueva York no es un caso aparte. Estos viven, sueñan, trabajan, se relacionan... todo ello en una mezcla ingente de razas, culturas, lenguas, religiones... que dan todo el sabor variopinto y mestizo que hace de esta ciudad algo extraordinario.
La ciudad que no duerme, permanece atenta a los latidos vitales de la isla de Manhattan, centro neurálgico de la ciudad, corazón del imperio. Y sus gentes, conscientes de ese devenir, viven intensamente cada latido, cada instante de esa Gran Manzana.
Mostrando entradas con la etiqueta Nueva York. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nueva York. Mostrar todas las entradas
lunes, 22 de marzo de 2010
lunes, 8 de marzo de 2010
Una semana en Nueva York (VI) (o La humildad como antídoto)
Si antes de 2001, el World Trade Center con sus torres gemelas, eran una visita obligada para contemplar la ciudad desde su cúspide, ahora lo sigue siendo. El 11 de septiembre de 2001, Nueva York y todos los Estados Unidos, sufrieron uno de sus días más aciagos.
Siempre se ha hablado de la existencia de gigantes con pies de barro, grandes colosos que, sin embargo, sucumben a la tragedia. Las torres gemelas eran uno de los símbolos más paradigmáticos de nuestra civilización, era el caldero donde se cocía el devenir de países, de empresas, de personas de todo el mundo. Probablemente, no con nombres ni apellidos, pero sí como números dentro de porcentajes y sumas y restas... más sumas que restas.
Pero el 11 de septiembre de 2001, el país acostumbrado a dar sin recibir, acostumbrado a llevar sus guerras siempre fuera de sus fronteras, a no mancillar sus ciudades, sus calles, sus gentes con el olor de la guerra y la desolación. El país que siempre buscó terceros países en los que ejercitar su armamento, su estrategia bélica, su orgullo patrio, fue sacudido por sus enemigos donde más duele, en el centro de la ciudad de Nueva York, en el corazón del imperio.

Ahora, la Zona Cero, se ha convertido en un inmenso mausoleo donde los neoyorquinos y todo el país llora y honra a sus caídos. No fueron soldados al uso, ni los tan recurridos marines americanos, sino ciudadanos de a pie, policías y bomberos los que quedaron sepultados por el descomunal derrumbe de los dos colosos, y con ellos, se derrumbó la autosuficiencia y la tranquilidad para todo un inmenso país. El proyecto para conmemorar la tragedia ya está en marcha, y como ave fénix, se levantará de sus cenizas, algo más comedido, un nuevo World Trade Center.
a
a
Ahora, la Zona Cero, se ha convertido en un inmenso mausoleo donde los neoyorquinos y todo el país llora y honra a sus caídos. No fueron soldados al uso, ni los tan recurridos marines americanos, sino ciudadanos de a pie, policías y bomberos los que quedaron sepultados por el descomunal derrumbe de los dos colosos, y con ellos, se derrumbó la autosuficiencia y la tranquilidad para todo un inmenso país. El proyecto para conmemorar la tragedia ya está en marcha, y como ave fénix, se levantará de sus cenizas, algo más comedido, un nuevo World Trade Center.
Etiquetas:
Nueva York,
World Trade Center,
Zona Cero
sábado, 6 de marzo de 2010
Una semana en Nueva York (V) (o Por amor al arte)
Para cualquier amante del arte, Nueva York es una de las ciudades más alucinantes. Poseer tres de los museos más emblemáticos dota a esta ciudad de todos los merecimientos para ser la capital del arte, o al menos, una de las capitales del arte en todos los aspectos. Sólo con el Metropolitan tendría ya una presencia más que suficiente para ser considerada de manera relevante. Pero si a este museo se le une el Guggenheim y, sobre todo, el Moma, entonces la cosa ya se vuelve estratosférica.

Pero una semana en Nueva York, no da lugar más que a un somero acercamiento a todos estos tesoros de la cultura humana. Una tarde o una sola mañana en cualquiera de estos museos siempre se hace extremadamente corta, y por ello, siempre queda un regusto amargo a la salida. Tal vez una semana en cada uno de ellos nos permitiese calibrar toda la dimensión de sus salas y de sus obras. Pero…así es la vida…

Repasar la historia de la humanidad, las formas de interpretar la realidad, el mundo de las ideas y su representación, la ideología de civilizaciones y pueblos, la dimensión del hombre enfrentado a la representación de las imágenes, es toda una aventura, y vivir esta aventura paseando por las galerías del Metropolitan, un lujo asiático que nadie debería perderse.
Emocionarse ante el cielo estrellado de Van Gogh, pegar los ojos a los cuadros puntillistas de Seurat o Signac, contemplar el tratamiento de la luz de Monet, los desnudos alargados de Modigliani, extasiarse ante las formas y medidas del diadumeno de Polícleto . Chagall, Balthus, Erns, Picasso, Gris, Kahlo, Duchamp…la historia del hombre, desde que supo interpretarse así mismo, delante de nosotros. Tal vez, no sea para tanto, pero a mí me impresiona.
Pero una semana en Nueva York, no da lugar más que a un somero acercamiento a todos estos tesoros de la cultura humana. Una tarde o una sola mañana en cualquiera de estos museos siempre se hace extremadamente corta, y por ello, siempre queda un regusto amargo a la salida. Tal vez una semana en cada uno de ellos nos permitiese calibrar toda la dimensión de sus salas y de sus obras. Pero…así es la vida…
Repasar la historia de la humanidad, las formas de interpretar la realidad, el mundo de las ideas y su representación, la ideología de civilizaciones y pueblos, la dimensión del hombre enfrentado a la representación de las imágenes, es toda una aventura, y vivir esta aventura paseando por las galerías del Metropolitan, un lujo asiático que nadie debería perderse.
Etiquetas:
Guggenheim,
Metropolitan,
Moma,
Nueva York
miércoles, 3 de marzo de 2010
Una semana en Nueva York (IV) (o El símbolo de un imperio)
Desde el 11 de septiembre de 2001, el Empire State Building volvió a ser el edificio más alto de Nueva York, pero esto casi todo el mundo lo sabe, y hasta no hace muchos años fue el edificio más alto del mundo. Subir para ver la ciudad desde los pisos más altos es querer abarcar con la mirada una ciudad inabarcable.

Hoy en día, el que fuera edificio más alto del mundo, es un lugar de culto trasnochado para los visitantes de Nueva York, ávidos de iconos y símbolos del poder, la cultura y la apariencia, meramente formal, del imperio yanqui decadente (algo así como el Coliseo para el imperio romano, o las pirámides para los egipcios). Pero, eso sí, que nadie se pierda su visita.
Es una de las visitas obligadas para el visitante, y sus ascensores meteóricos ayudan en esa aventura. Pero, pese a esa velocidad de ascenso, nadie lo consigue en menos de una hora, largas filas de visitantes obligan a una larga espera, pensando que el final tendrá su recompensa.
El Empire State nos permite ver la ciudad a vista de pájaro, y la visión de esa ciudad desde las alturas, nos descubre una urbe que crece más allá de la isla saturada de cemento, de rascacielos minúsculos llenos de luz, donde las personas están, pero carecen de sentido desde esa distancia. El Empire State no está hecho a la medida del hombre, sino a la medida de los dioses paganos del imperio, como símbolo del “new deal” rooseveltiano. En pleno desarrollo de la Gran Depresión, los neoyorquinos trataron de tocar el cielo ascendiendo desde los infiernos.
a
Etiquetas:
Empire State,
Nueva York
domingo, 28 de febrero de 2010
Una semana en Nueva York (III) (o Verde como la albahaca)
Central Park no es sólo un parque. Es una isla dentro de la isla. Es una isla de naturaleza fingida, aunque tan natural que parece de verdad.
Caminar por Central Park es pasear por el corazón de una ciudad que se gusta a sí misma, que se quiere a sí misma, y que más allá de sus orígenes portuarios, quiso crear entorno a este espacio el núcleo articulador de una urbe para vivir, con mejor o peor resultado, pero que dota a Nueva York de un diamante en bruto que la singulariza y la define.
Desde que a mediados del siglo XIX F. Law Olmsted y Calvert Vaux incorporaron a su imaginario urbanístico la creación de un gran parque público, Central Park ha ido creciendo, no en extensión, pero si en capacidad recreativa, cultural y deportiva, y los neoyorquinos saben apreciar y explotar este espacio y sus virtudes, y por ende, muestran todo su respeto por su conservación y mantenimiento.
Etiquetas:
Central Park,
Nueva York
viernes, 26 de febrero de 2010
Una semana en Nueva York (II) (o Libertad es nombre de mujer)
La estatua de la Libertad es imponente desde la distancia, desde Battery Park se recorta recia sobre el horizonte y nos trae la nostálgica visión de los sueños de muchos para los cuales América fue, no el final, sino el inicio de un viaje iniciático hacia la libertad, el bienestar y, en ocasiones, la opulencia. Y para ellos “Miss Liberty” era la primera imagen de ese viaje, una vez concluido el viaje real.
Pero de cerca, sin dejar de impresionar, se ve más pequeña de lo que nos imaginamos desde lejos. Y, pese a ser una creación francesa, parece pensada para estos americanos de Nueva York. Si la estatua hubiese sido pensada para los italianos tendría fuego apasionado y retador en la mirada. Esta tiene un rostro bello y apacible pero serio y distante. Si la estatua hubiese sido pensada para los franceses tendría cierta voluptuosidad en sus formas, lo cortés no quita lo valiente, y la técnica de “paños mojados” nos descubriría la silueta de un cuerpo femenino rotundo pero sensual. “Miss Liberty” lleva una túnica talar que representa la verdadera mentalidad puritana de los estadounidenses. Si la estatua hubiese sido pensada para los españoles, aparecería con todos los atributos pensados para franceses e italianos, pero además tendría una sonrisa en los labios y un tamaño idóneo para colocarla en una plaza pública concurrida, donde el pueblo pudiese verla a diario.

Pero en los Estados Unidos de Norteamérica, lo pequeño está prohibido, todo ha de ser a lo grande porque creen ciegamente que todo lo que se puede hacer con dinero es posible. Por eso la estatua de la Libertad es grande, es seria, un poco inexpresiva, es recatada… Pero también es incansable, y con su antorcha tratando de abarcar el mundo lleva la esperanza y la ilusión por un futuro mejor, justo y solidario para todos los que la miramos emocionados desde la borda a estribor del ferry que nos lleva a ella.
Etiquetas:
estatua de la Libertad,
Nueva York
miércoles, 24 de febrero de 2010
Una semana en Nueva York (I) (o Dónde los sueños tienen precio)
La Quinta avenida es la arteria por donde circulan los sueños de Nueva York, los sueños del mundo. La Quinta avenida tiene un espacio reservado para los sueños de eternidad, de perpetuidad, donde se muestra la riqueza cultural de la ciudad. La “museum mille” con el Metropolitan a la cabeza, es uno de los palmos de terreno con más museos del mundo, si no el que más.
.
Pero la quinta avenida es también la arteria principal donde se acrisola toda la vanidad del mundo, toda la arrogancia, todo el deseo vano de ser alguien, de sentirse importante. Cartier, Bulgari, Omega, Prada, Tiffany…, la cueva de Alí Babá, con sus mil maravillas se abre en pequeños y grandes escaparates, para que los ungidos por el triunfo puedan satisfacer sus grandes pecados de aparentar, de creerse a sí mismos, de despilfarrar sus tesoros acumulados…quién sabe a costa de quien.
.
Pero el templo del consumismo, donde el dólar es “My Lord” y, tal vez, Versace su profeta, también es el templo de los contrastes, donde desheredados y turistas de todos los colores y procedencias, algunos con los ojos pueblerinos de la admiración y otros con los de la envidia, pasean también otros sueños… pero ya se sabe, soñar no cuesta dinero.
Etiquetas:
Nueva York,
Quinta avenida
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
